
GANAMOS, SÍ Y CLASIFICAMOS OTRA VEZ...
Comenzó la recta final de la liguilla. Ganamos contra todo pronóstico de aquella prensa amarilla que sembró dudas en la hinchada y el equipo.
Son muchos los actores del triunfo que sería injusto no nombrarlos a todos, pero ellos saben que la gente les dice gracias en silencio. Un silencio que llega a su corazón, cada vez que la Boca salta en la Caldera.
Ganamos otra vez y lo mejor es que clasificamos con dos estrellas de bonificación. Pero el triunfo nos deja lecciones de vida como en todo. Una de ellas es que un juego bonito de toque y precisión a veces no basta, hace falta mesura y control y sobre todo en la parte emocional.
El partido frente al ídolo riobambeño fue un bajón anímico o futbolístico, fue bajón. Estábamos muy preocupados con lo que decían los tabloides de Paredes, que sí insultó o no a alguien (no vale la pena mencionar el nombre). Recordemos: El número 10 de Emelec es cancha, es amor propio y su comportamiento es polémico, sí como el de un niño malcriado. Pero su entrega y feeling lo tienen sólo muy pocos jugadores. Se desliza en el gramado como un rayo, de manera sincronizada y armoniosa. Da gusto verlo jugar, y como logra de un toque abrir las murallas que imponen los defensores del rival.
Así es Armando Paredes, un jugador que pasó amargos ratos en el otro equipo del barrio, y en poco tiempo cambió. O lo hicieron cambiar a punta de consejos y perdón. Se le perdonó todo, su esposa lo hizo, sus compañeros (incluyendo Elízaga) lo hicieron, el Palillo también. Ahora fue el turno de la hinchada. Sí Señores duela a quien le duela, a Paredes, a la sota, le perdonamos todo.
Gracias Armando por el pase gol que hiciste en Quito, contigo hasta la muerte.
(Puede que sea cierto el incidente entre la supuesta periodista y el jugador. Pero en una discusión se necesitan dos para pelear, y también hay que recordar que si queremos que nos respeten, hay que hacernos respetar).



