Wednesday, December 20, 2006


Salud al jugador Nº 12!

Eran las doce en punto y en la Caldera solo estaban aquellos que verdaderamente quisieron al Bombillo. Aquellos que lloraron por el, sacrificaron todo por el, y no lo abandonaron nunca. Eran hermosas franjas azules y verdes con seres de toda clase, ricos, pobres, los muy humildes, los aniñados, los de Correa, los de Noboa, los de la 6... En fin, azules por todas partes. Azules que nacieron amando una camiseta que aún no conocían y que después de 90 minutos celebraron no un Vicecampeonato, bien merecido. Sino un pase a la gloria, a la Libertadores, un pase para ser algo más y mostrar de que estamos hechos.

Los azules no celebramos un vicecampeonato, no festejamos el primer puesto de los perdedores o el ser segundo. Nuestro orgullo va más allá... Vamos a la Libertadores sin repechaje, ni condiciones. Vamos a la vitrina latinoamericana del fútbol a jugar pelota, a demostrar aquel toque de pelota exquisito que exhibimos en la Liguilla. (claro con ciertas excepciones)

Hoy, es tiempo de descansar, de doblar las banderas y festejar con la familia eléctrica. Este triunfo es para ellos... los azules, los del bombillo. Es para nosotros (y me incluyo), el jugador Nº 12, que sufre y corre sin descanso en otra cancha. Ya lo dijeron los propios jugadores cuando le agradecieron a la "hinchada más fiel del país".

Es que el hincha de Emelec es diferente, único y de sangre azul. Revienta de alegría y se hincha el pecho de decir: Yo soy hincha de verdad, yo soy hincha de Emelec.

Friday, December 08, 2006


El zurdo con sabor a ron

Eran el año 1994 y el bombillo no andaba bien…tenía delanteros de lujo que hacían soñar a la hinchada como Oste y el Pepo Morales, los cuales nos habían dado el campeonato el año anterior. No creo que un Bicampeonato estaba en los planes pero sucedió.

Sucedió de la mano del Palillo Torres Garcés, quien armó un equipo de lujo con lo que tenía. Un equipo con los recordados Dannes Coronel, Iván Hurtado, Augusto Poroso y el capitán Luis Capurro. Un equipo al cual sí vi ganar el campeonato en Manta en el 93 y al cual aprendí a amar con locura. Un equipo con un zurdo de oro, que volvió para convertirse en el jugador predilecto de mis postales de periódico.

Hoy, es tiempo de desempolvar mis antiguos recuerdos, recuerdos hechos de papel y con sabor a ron. Es tiempo de saludar a Ivo Ron, uno de los mejores volantes de armado que tuvo el Club Sport Emelec. Un volante que luchó para ser titular y luchó aún más para ser campeón. En mi memoria están las postales de las tardes azules en las que Ivo Ron embriagó a la hinchada con su juego limpio y elegante.

Deben saber que el destino fue siempre azul para Ivo, quien se habría aprobado en el equipo de la otra esquina y no fue aceptado. El destino azul lo estaba esperando y fue así que en 1983 se unió al Bombillo para convertirse en aquel zurdo símbolo que siempre definió partidos importantes. Fue campeón en el 88 y como hijo pródigo regresó a su hogar en el 94.

Ivo Ron tenía una zurda mágica que marcaba goles de oro y siempre miraba a un lado de la cámara en las fotos oficiales. Nunca le gustó figurar, prefería entregar todo en la cancha y deslizarse por el gramado con toques limpios y precisos. Era el 10 perfecto, el 10 que siempre estuvo ahí para el Ballet, la sota que hoy necesitamos. Una lesión lo separó del equipo, una lesión en la Copa Libertadores en la que jugó como siempre hasta el final. Ivo está físicamente lejos de las canchas azules pero muy cerca y vivo en mi recuerdo. El recuerdo de un valiente, el cual puedo decir con orgullo que lo vi jugar, lo vi abrir sus brazos en el viento ofreciendo sus goles a la hinchada, y también lo vi irse con las manos vacías. Ivo Ron fue el primero y el mejor trago de buen fútbol que he tomado.

Monday, December 04, 2006


Un abrazo con el gol

Antes que Emelec nadie… ellos fueron los primeros que abrazaron el gol, los primeros en besar una copa de oro y los primeros en bañar de alegría a una hinchada naciente.
Era el año 1957 y el Club Sport Emelec se coronaba “Padre” indiscutible del fútbol profesional en el Ecuador. Fueron cuatro partidos, de los cuales el bombillo ganó tres y fue Campeón de la mano del “Tano Spander”, quien armó un equipo para el recuerdo.

“Jugábamos con tres defensas, dos marcapuntas, un back central, dos volantes y cinco delanteros…eran otros tiempos donde el fútbol se jugaba diferente”, suspira Jaime Ubilla, uno de los zagueros artífices del primer campeonato. Ubilla conserva su vitalidad y confiesa vivir para saber de Emelec. De repente su mirada se desvía. Había llegado su amigo, su hermano, el goleador eterno…Carlos Raffo.

De paso lento y mirada distante, Raffo está físicamente aquí pero su mente recorre las canchas que lo hicieron eterno. Su cabeza viaja al ritmo de aquellas pelotas que volvía imposibles de atajar. Raffo era un afortunado del gol, cuando sus tiros levitaban en el aire, todo se volvía posible. El argentino las sudaba todas, las peleaba y las ganaba todas también. “A mí me trajo Ponce Luque, me llevó a las bravas y me metió en la parte de atrás de un carro… yo le dije si no me pagan me voy y fue entonces que me dieron 1.000 sucres. Eso solo alcanzaba para comer nada más, los hinchas me daban plata cada vez que metía un gol”. Hoy, Raffo vive de su memoria y de los cientos de goles que marcó para el bombillo.

“No había delantero como él, se las sabía todas en el área”, dice Raúl Arguello con ojos humedecidos cuando se refiere a Raffo. Arguello era otro integrante de aquella zaga perfecta del 57 y junto con Bolívar Herrera, volante de aquel equipo de ensueño, se llenan de orgullo al hablar de Emelec. Ambos coinciden que el fútbol azul que vemos hoy es el mismo y también es otro. Sigue despertando pasiones inexplicables y tensiones imprevistas pero se juega a la vez con una vara de cálculos y especulaciones. “Antes jugábamos más por la camiseta, no ganábamos mucho pero era maravilloso”, cuenta Herrera con nostalgia. Una nostalgia de aquellas noches gloriosas en la Caldera y una nostalgia por las jugadas vividas y los abrazos de gol compartidos. Eran cuatro leyendas cuatro editores de un drama llamado fútbol, que al tenerlos frente a frente colmaron el lugar de una pasión embriagadora. Una pasión de color azul, del azul de Emelec.