
Un Turco ecuatoriano
A Raúl, su hermana lo llamaba cariñosamente el "flaco". Es que el turco antes de ser turco, era delgado, de facciones finas y hasta frágiles. Nadie pensó jamás que aquel muchacho humilde y tímido, llegaría a convertirse en la "Turbina Avilés". Una turbina que prendía las generales del Estadio Modelo a finales de los 80 y principios de los 90. Cuando Avilés anotaba, las gradas del modelo vibraban como una bombonera argentina.
El Turco salió de la nada, y a punta de esfuerzo y picardía se ganó a los hinchas, los directivos, sus compañeros y hasta los propios rivales. Fue pobre, y quienes tienen la dicha de conocerlo, saben que no desaprovecho el minuto de fama y reconocimiento que tuvo. Desde su inicios en las canchas improvisadas de Luque y Santa Rosa, y el colegio Vicente Rocafuerte, hasta sus gloriosas actuaciones en 4 Copas Américas, el Turco despertó pasiones y desilusiones también, (nadie es perfecto)
Los comentarios son infinitos, se dice que los futbolistas tienen fama de ser mujeriegos y borrachos. No pongo las manos en el fuego por él, pero al menos sé por buena fuente, que con su primer gran sueldo sacó de las manos de la pobreza a su madre y hermana. Jamás las abondonó.
En la cancha las ganó todas, un emelexista por excelencia de garra y fe. Antes que Mondaini, el Turco ya endiablaba a los defensas con su cintura mágica. Recuerdos de ayer, rostros del presente. Ney Raúl Avilés aún nos acompaña, no esperemos que sea demasiado tarde para decirle gracias.
(Agradecimiento especial, esta vez a una azul, que aunque lo niege aún suspira por regresar al Capwell. Fue la primera en darme la alegría de pisar el romántico templo azul.)

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